
Braulio Simancas homenajea a su padre, Pepe, que fue marinero, pescador y cocinero en barcos, cruceros y petroleros cocinando en el Kursaal sus platos más emblemáticos
Braulio Simancas lo dejó claro nada más pisar el escenario del auditorio del Kursaal: “hoy es el día más bonito de mi vida”. Y no era para menos, lo acompañaba su padre, Pepe Simancas al que “nunca vi cocinar” porque el progenitor de este chef forma parte de los “cocineros invisibles” que hacen su trabajo en alta mar. Porque Pepe Simancas fue pescador, fue marinero y fue cocinero en barcos, en cruceros y hasta en un petrolero. Y aunque tan solo hace unos días “cocinamos juntos por primera vez”, el recetario “siempre ha estado en casa y ha influenciado la cocina que hago en mi restaurante”, explicó Braulio.

Pepe Simancas es hombre de pocas palabras, pero no dudó en corregir a su hijo sobre el escenario. “El majado va al mismo tiempo que el sofrito”, le dijo en una ocasión. Juntos repasaron y elaboraron tres recetas de la familia: la cazuela de pescado, el mojo hervido (receta de los Simancas, se apresuró a puntualizar Braulio) y el rancho, elaborado con “fideos grandes” y con “judías de parral”, estas últimas poco usuales a la hora de elaborar el guiso. Los Simancas mostraron a los asistentes las dos maneras que preparar los tres platos, la de Pepe y la de Braulio, pero al padre no le importa los arreglos al recetario familiar de su vástago: “Mi hijo cocina muy bien”, nos dijo con contundencia ya fuera del escenario. Y nos recomendó hacer el rancho con judías pintas: “Usted pruebe, el plato cambia por completo”.
Y si ahora nos echamos las manos a la cabeza por el precio del pulpo, Pepe Simancas nos decía que cuando empezó a pescar, muy jovencito, los pulpos que sacaban en las nasas “los devolvíamos al mar. Antes el pulpo no se compraba. Ni las langostas, ni los centollos”. “El pulpo -añade Braulio- era comida de casas humildes porque no tenía valor”.

¿Y cómo se cocina en altamar si hay mala mar? “Aguantando”, responde Pepe Simancas. Y los calderos, sujetos a unos hierros que se colocan junto a la placa. “Hombre, si es un caldero lleno de agua, algo se derrama, pero no pasa nada”.
Pero para Braulio Simancas homenajear a los cocineros invisibles en alta mar era una deuda que quería saldar con su padre, porque no sólo se trataba de preparar la comida de la tripulación, “era el único acto social del barco, el ratito de descanso y de comida. No solo tenían que alimentar a los marineros, sino hacerlos felices para después seguir con la jornada”.
Y más allá de homenajear a su padre, Braulio Simancas recordó al auditorio que los mojos hervidos, los escabeches, “eran una forma de aprovechar las sobras y conservar los alimentos. Los salazones y los adobos han sido fundamentales para la conservación de los alimentos en Canarias”.
Y una indirecta, casi al final. “Los canarios no comemos papas arrugadas con mojos, pero las papas y los mojos acompañan la mayoría de los platos que comemos en las Islas”. | Pepe Miranda



