La Princesa se rejuvenece

Naira Domínguez (d) y Marta Santos, con dos de sus pasteles preferidos: el Lubumba y el San Honoré | Foto: J. L. Conde
Naira Domínguez (d) y Marta Santos, con dos de sus pasteles preferidos: el Lubumba y el San Honoré | Foto: J. L. Conde

Naira Domínguez y Marta Santos llevan un año elaborando la repostería de este establecimiento que abrió sus puertas en el año en 1927 por la familia Otto Rapp

La pastelería La Princesa abrió sus puertas en una antigua casona de la plaza de la Concepción en La Laguna, allá por el año 1927 de la mano del alemán Otto Rapp y, desde entonces, varias generaciones de su familia se han sucedido en la elaboración de los pasteles y tartas.

Desde hace un año las jóvenes Naira Domínguez y Marta Santos defienden con uñas y dientes un proyecto que busca actualizar la repostería de la antigua Princesa, aunque mantienen algunas elaboraciones tal y como se salían antes del obrador y aportar su experiencia para actualizar y evolucionar. “Nosotras tampoco no hacemos los mismo que hace dos o tres años”, afirman  Naira y Marta.

Vista de la pastelería, abierta en 1927 por Otto Rapp | Foto: J. L. Conde
Vista de la pastelería, abierta en 1927 por Otto Rapp | Foto: J. L. Conde

La historia de estas dos jóvenes comienza en el año 2011 cuando compartían recetas, espacios y cocina en casa, en definitiva, aficiones que llevaron a formarse con pasteleros de Barcelona, pero por “puro placer, como un hobby, aunque inviertes dinero y esfuerzo”.

Tras un período en el paro deciden montar una pastelería que denominaron Free Heart en Santa Cruz con pedidos por encargo, esencialmente bodas, y sin venta al público. En un principio señala Naira que no querían hacer bodas porque “nos daba mucho respeto y un montón de responsabilidad”. Sin embargo, a la gente le gustó y pasaron de hacer tres bodas el primer año a más de 160 en 2017 y en cualquiera de las islas. “Vamos a  cualquier sitio donde llegue un furgón de frío”, cuentan.

El local inicial  de 32 metros cuadrados se les hizo pequeño. Desde hace un año se trasladaron a los locales de La Princesa, una vieja casona lagunera,  cumpliendo un sueño porque “estábamos enamoradas de esta pastelería” afirma Marta.

Naira y Marta posan delante de la pastelería La Princesa, en La Laguna | Foto: J. L. Conde
Naira y Marta posan delante de la pastelería La Princesa, en La Laguna | Foto: J. L. Conde

“Los inicios han sido  brutales”, dicen riéndose. “Nosotras no estábamos acostumbradas a la presión de la calle y del público, sino que cumplíamos con los encargos. Ahora tenemos una producción diaria, que tenemos que ir cambiando y ser más creativas”. Por otro lado figura “la presión de La Princesa como marca,  como referencia y como pasión”. Muchas generaciones de familias han pasado por el establecimiento a recoger sus pasteles, tartas y encargos para celebrar onomásticas, bodas y bautizos.

Recetas antiguas. Naira y Marta explican que han recibido de Otto Rapp muchas recetas de la pastelería que se hacía en los inicios en esta confitería y las actualizamos. “Por ejemplo,  la bollería y el hojaldre se elaboraba con margarina y aquí no entra ni un gramo de esta grasa. Las tartaletas se hacen con frutas de temporada. Hay cosas en las que sí se nota mucho la diferencia”, afirman. Otro ejemplo es la receta  de la tarta  de nata, emblemática de los Rapp, que hacemos con un típico bollo francés almibarado, nata y azúcar y almendra por encima que está riquísimo.

Los laguneros y los croissants no faltan en La Princesa | Foto: J. L. Conde
Los laguneros y los croissants no faltan en La Princesa | Foto: J. L. Conde

Mientras se realiza la entrevista, a eso de las 12 del mediodía de un viernes previo al Baile de Magos de La Laguna, cuyas mesas están colocadas en los alrededores, la pastelería es un entrar continuo de gente. Muchos ya saben qué se van a encontrar y van a tiro hecho; otros se quedan mirando hasta que deciden qué pastel acompañará el café y después están los  conocedores de La Princesa de otras épocas, que preguntan a los dependientes si la tarta de manzana es la misma receta de siempre. “Por supuesto”, dice la dependiente.  Además fue esta repostería de los Rapp  la que en su día recibió un reconocimiento en los IV Premios de Gastronomía de DIARIO DE AVISOS en 1988

Franceses. Los numerosos turistas que a diario transitan por esta ciudad Patrimonio de la Humanidad muestran su curiosidad y especialmente los franceses son los que más sucumben a los encantos de esta repostería.

Estantes con pasteles | Foto: J. L. Conde
Estantes con pasteles | Foto: J. L. Conde

Ambas pasteleras no han olvidado sus inicios en este mundillo. Si tuvieran que escoger entre los pasteles o las tartas de boda señalan que son “dos líneas diferentes, completamente distintas. Las de los enlaces matrimoniales te permiten un contacto directo con el cliente y goza del encanto especial al  colaborar con los contrayentes. Es muy gratificante”.

Si Marta prefiere los lubumba, (coco y chocolate, 100% por pulpa de coco, chocolate al 70% y un sablé con toques de escamas de sal), Naira se decanta por los babá un ‘borrachito’ tradicional (baño de almíbar de ron con parchita, zumo de naranja e infusionado con anís estrellado y un poquito de canela y ralladura de lima). Aunque el día de la entrevista se ha agotado, así que Naira elije un San Honoré, un pastel de mango con Cointreau y mascarpone.

De la oferta inicial siguen los laguneros, el limón con merengue, la tarta de manzana, la de requesón y la de nata. La Princesa, ahora con el añadido de Free Heart, vuelve a latir en La Laguna. | José L. Conde