
El bodeguero ha presentado los tintos que han revolucionado la Ribera del Duero
Javier Moro, propietario y director comercial de Bodegas Emilio Moro y Cepa 21, ha nacido entre vides. Tercera generación de una familia de viticultores ha conseguido alzarse con voz propia en este difícil mundo. Hablar de los tintos Malleolus, Emilio Moro o Cepa 21, es referirse con palabras mayores a la Ribera del Duero, tierra que le vio nacer entre viñas y donde le inculcaron las dificultades que conlleva la labor de hacer un gran vino.
Este bodeguero ha visitado esta semana Tenerife, de la mano de su distribuidor El Gusto por el Vino, propiedad de Antonio Armas y Mario Cedrés, y ha llenado uno de los salones del hotel Mencey con una de sus catas. Hubo gente que no pudo disfrutar de esta experiencia y se tuvo que quedar fuera ante la imposibilidad de encontrar un hueco para probar estos productos de alta expresión.
Los vinos que elabora la familia Moro maridan bien con la cocina castellana que preparó el restaurante Clavijo 38 consistente en unas papas con costillas y como no podía ser de otra manera un lechacito de Castilla, que comercializa EGATESA, asado al horno acompañado de ensalada de la huerta canaria y que bordaron los chefs Iñaki Undagoitia y Alberto Margallo. Previamente el jamón ibérico D.O. Dehesa de Extremadura y el queso manchego resultaron idóneos para abrir el apetito.
Vinos elegidos. Los vinos elegidos para ese menú presentación fueron el Finca Resalso, 2012, el Cepa 21 del 2009 y el Malleolus 2009, que representan la línea de tradición y vanguardia de estas bodegas. El restaurante, al igual que la cata del hotel Mencey, registró un lleno hasta la bandera.
Moro explicó las características de sus tintos, tarea en la que se desenvuelve con soltura, al igual que narra los detalles que movieron a su empresa a crear una fundación, con el mismo nombre, que la bodegas, para ayudar a aquellas personas que en estos momentos atraviesan dificultades. Un ejemplo de esta labor fue traer a España a cuatro transportistas españoles que se encontraban retenidos en Sierra Leona para que pasaran las Navidades con su familia.
Inquieto como pocos, Javier Moro salta de mesa en mesa para conocer a todos los comensales y como no puede ser de otra manera “venderles” sus excepcionales tintos. Este bodeguero explica que su familia está comprometida con la calidad en los procesos de elaboración, con la protección del medio ambiente y con el progreso hacia un futuro tan eficiente como respetuoso con el entorno. Tenemos muy claro que de ese compromiso con la tierra depende en gran medida la excelencia de nuestros vinos”.

Día a día. Afirma que “el vino es el porqué de nuestro día a día. En cada cosecha queda inmortalizada una pequeña parte de nosotros. Un vino tiene vida, y evoca la tierra donde ha nacido”.
La visita a Tenerife de Javier Moro fue intensa en cuando a visitas de restaurantes y hoteles con numerosa presencia de chefs, algunos de ellos internacionales como Julio Bienert, Julius, quien anunciará en breve proyectos a desarrollar en el Sur de Tenerife, para presentar los productos de su bodega.
Sobre su empresa dice que “es el lugar donde toman forma todos los valores de la familia Moro. Un espacio en el que los métodos tradicionales y la alta tecnología se dan la mano para obtener los mejores resultados posibles. Herencia del trasiego con arado, la vendimia a mano descubierta y las costillas con patatas asadas, la bodega es hoy un templo del recuerdo y una apuesta hacia el progreso: tecnología al servicio de la calidad. En las bodegas podrás sentir en primera persona los diferentes aromas de cada estancia, el paisaje de sus viñedos, las estructuras de barricas y el sonido de una actividad incesante”. | José L. Conde



