¿Hablamos de vinos?

Y digo hablamos porque en la conversación y la charla es el terreno en el que más cómoda me siento, pero intentare charlar desde este medio escrito.

Si tuviéramos que hacer un barrido de periscopio por este mundo del vino, nos iríamos deteniendo en distintos conceptos, como aquello de que “El vino es cultura”, “El vino es historia”, “El vino es tradición y civilización, “El vino es salud”… Pero sobre todo el vino es naturaleza, es paisaje, es un producto natural que resulta de la fermentación alcohólica del zumo de las uvas (mosto).

Podemos encontrar muchas definiciones de vino, pero a mí me agrada aquella que nos define el vino como un hijo de la naturaleza, donde su padre es el sol, su madre la tierra y el partero es el hombre. Desde esta visión, el vino es el resultado del tipo de suelo, de las variedades de uva, de la climatología del año y del buen hacer de las personas que lo elabora.

Estamos en el mes de septiembre y si hacemos un recorrido por esta isla de Tenerife, podemos observar que por todas partes huele a vendimia. Es el momento más glorioso y emocionante, donde la naturaleza nos entrega sus frutos y nosotros tenemos que saber interpretarla, resaltando sus virtudes pero también mitigar sus defectos o carencias. Esto es expectación; ¿Qué nos trae?, pero también emoción, pasión y superación porque cada año hay algo que aprender.

Este año la cosecha nos ha hecho un guiño. Llevábamos tres años que por distintas razones, las cosas no venían bien. Tenemos un año climatológicamente seco y verano con pocas brumas, soleado y caluroso lo que ha hecho que la vendimia se haya adelantado. La uva está sana y la producción ha aumentado entre un 20-30% con respecto al año pasado.

La añada promete, hay que esperar, todo se andará. Paciencia, vivimos en una isla con 8000 hectáreas de viñedo y con unos cuantos millones de visitantes.

Si entendemos que ser buen “anfitrión” es ser una persona esplendida con sus invitados, podemos sentirnos orgullosos y disfrutar ofreciendo nuestros vinos como un fiel reflejo de nuestra cultura e historia (un pueblo que no tiene raíces es un pueblo fantasma). Y además como la expresión de un territorio diverso, remarcando con estos vinos que no solamente existe el norte y el sur sino la riqueza de tantas comarcas vitivinícolas: Abona, Tacoronte Acentejo, Valle de la Orotava, Valle de Güimar e Ycoden Daute Isora.

Lourdes Fernández López

Miembro de la Academia de Gastronomía Tenerife