La RePosada

Me dijeron: quedamos en La Posada. Pues vale allí estaré. Ni siquiera recordaba que existía y, había estado. Imagínense cuánto tiempo hace. En Santa Cruz, cerca de casa. Ideal. Nada más llegar me causó buena sensación, inmediatamente los que íbamos llegando entablamos conversación. Te acogen nada más entrar, te insinúan algo de beber y te ponen unas aceitunas; eres bienvenido. Estas cosas las reflexionas luego, cuando te vas y te llevas la sensación de que te has encontrado a gusto. Te reencuentras con personas a las que aprecias, tienes espacio para estar, hablar y esperar a que te pasen a la mesa. Voy a pasar por alto que una vez sentado sólo te puedes relacionar con tus vecinos más cercanos, la acústica deja mucho que desear. Tenía que soltarlo, ¡qué pena!.

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Los quesos, un original regalo

Confieso que me encanta regalar quesos, aunque la mayoría de las veces me supone un verdadero quebradero de cabeza. Con el paso de los años, cuanto más estudio sobre ellos y mejor conozco sus sutilezas, me asaltan muchas más dudas y le doy vueltas sobre los gustos del destinatario antes de tomar una decisión. Cuando me planteo hacer un regalo hay una cosa que tengo clarísima y es que éste ha de gustar, como es lógico, a la persona que lo recibe. Pero intento también que sea de mi agrado, pues no deja de ser mi tarjeta de presentación.

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Lucas Maes, ¿sinfroniza yantar?

Si, sinfroniza. Cuando disfrutamos comiendo, bebiendo, fumando… oliendo, saboreando, tocando, mirando, sinfronizamos sin duda alguna. Ortega y Gasset atribuía a Goethe, sin precisar cuando ni dónde, esa idea del sinfronismo que viene a ser algo así como una –coincidencia de sentido, de módulo, de estilo entre personas o circunstancias regadas por los tiempos-, o lo que es lo mismo las coincidencias que comparten seres de distintas echadas. Yantar, la buena y humilde mesa sinfronizan con toda seguridad. Los placeres de la gastronomía nos pasean por el tiempo, por la historia, por los recuerdos y la vida, como subidos en una cometa con los pies al viento y la colorida cola señalando cada uno de los recuerdos que desconocemos, a la par que nos son cercanos ¿Cómo se entiende? Basta con creer en la magia, y, la cocina está cargada de encantamientos.

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