Teresa González, con Laura y Víctor en el restaurante de sus hijos | Foto. J. L. Conde

Teresa González, con Laura y Víctor en el restaurante de sus hijos | Foto. J. L. Conde

Teresa González habla de Laura y Víctor, chefs de lo dulce y lo salado en el restaurante Haydeé, un local de cocina creativa con materia prima local y toques orientales

 “La cocina creativa la probé por primera vez con 50 años en el M.B de Martín Berasategui, en el hotel Abama de Guía de Isora”, afirma Teresa González Yanes, madre de Laura y Víctor, chefs del restaurante Haydeé sito en el municipio de La Orotava. Hoy en día, sin embargo, visita asiduamente el restaurante de sus hijos, acompañada de su marido, para degustar los platos que van creando e incorporando en la carta.

Teresa González recuerda cuando sus hijos le comunicaron que querían ser cocineros. El primero que lo anunció fue Víctor, quien “nos informó al padre y a mí que quería estudiar para ser chef cuando nosotros jamás le habíamos visto entrar en la cocina más allá que para guisar unos espaguetis y ponerle tomate frito de bote. Nosotros pensábamos que era de cachondeo, pero al día siguiente cuando llegamos del trabajo vimos los papeles de la matrícula en el Hotel Escuela de Santa Cruz en la mesa del comedor”. Al cabo de una semana, Víctor hablaba “maravillas” de los conocimientos que estaba adquiriendo y así hasta la fecha. De pequeño era una persona muy viva, pero le costaba centrarse en los estudios. “Yo era la típica madre que estaba un día sí y otro también en el colegio y luego en el instituto”, recuerda con una sonrisa.

 

“Nunca pensé que mis hijos fueran a dedicarse a la cocina, pero aquí están y además con un negocio propio” | Foto. J. L. Conde

“Nunca pensé que mis hijos fueran a dedicarse a la cocina, pero aquí están y además con un negocio propio” | Foto. J. L. Conde

“A Víctor jamás le habíamos visto entrar en la cocina más allá que para guisar unos espaguetis y ponerle tomate frito de bote”

 El caso de Laura nos sorprendió. Ella estudiaba Contabilidad y Finanzas en la Universidad y cuando le quedaban para terminar tres asignaturas, se presentó al concurso de cocinera de repostería creativa en el Recinto Ferial de Santa Cruz de Tenerife donde quedó en segundo lugar. Tras esta experiencia nos anunció que quería estudiar pastelería y que más tarde acabaría las asignaturas”.

“Nunca pensé que mis hijos fueran a dedicarse a la cocina, pero aquí están y además con un negocio propio”, afirma la madre quien añade lo que supone en cuanto a alquileres impuestos, proveedores, etcétera, algo que ha vivido en propia carne junto a su marido.

Teresa, con Laura y Víctor, en las cocinas del Haydée | Foto. J. L. Conde

Teresa, con Laura y Víctor, en las cocinas del Haydée | Foto. J. L. Conde

Teresa González cree que tanto Laura como Víctor están seguros de que no se han arrepentido de haber dado un giro a su vida estudiando cocina. Más bien lo contrario porque es un proyecto muy bonito, ellos se reparten el trabajo y además Víctor siempre ha sido muy negociante”.

Como buena madre es una asidua al restaurante, aunque es alérgica a la pimienta y hay que prepararle los platos fuera de carta. De Laura le encanta la panna cotta de manzana y el helado de vainilla con fresas del huerto y arándanos. De Víctor elogia el risotto de mero con remolacha encurtida y manzana.

 Teresa González, que hoy es una pensionista a causa de una enfermedad a la que el estrés y las fatigas no le van bien, sigue día a día los avatares de sus hijos. Ante tanto endiosamiento de esta profesión, de la que antes nadie presumía, afirma que ella ve a sus hijos “muy humildes, con los pies en la tierra. Los demás no lo sé”. | José L. Conde

 

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