Imagen de  la campaña de Carrefour y Cepsa

Imagen de la campaña de Carrefour y Cepsa

A mí no me da la sensación de que las gasolineras pasen tiempos de crisis con la venta solo de gasolina y diésel. Sin embargo, es un sector que ha vivido una transformación como pocos.

Hace unos 10 años, los conductores, mayoritariamente, eran los que acudían a las estaciones de servicio para llenar el depósito, comprar aceite para el motor, o líquido refrigerante, a la vez que adquirían tabaco, periódicos, alguna chuchería y tomaban un café en una pequeña y estrecha barra.

Los tiempos han cambiado, y cuando uno visita una estación de servicio ya no solo va a cargar combustible, comprobar el hinchado de los neumáticos o pasar el coche por la máquina de lavado. Ahora se pueden comprar barras de pan que allí mismo se hornean, pizzas congeladas, bolsas de hielo, helados, una generosa variedad de embutidos y quesos, jugos, cervezas, vinos, destilados, aguas nacionales y extranjeras… E incluso algunas ya se han equipado con espacios gourmet, como la de Pozuelo de Alarcón (Madrid), sita en una urbanización cercana donde residen futbolistas y renombrados personajes de la jet de elevado poder adquisitivo, en la que se puede comprar desde caviar y champagnes hasta vinos de 400 euros. Atrás queda el recuerdo de los surtidores de gasolina, que hoy se han convertido en los nuevos supermercados de proximidad. | José L. Conde

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