Rafael Pulido (i), junto al jefe de sala, Tero Afonso y su sobrino, Miguel Pulido, en la entrega de los Soles Repsol en el Teide | Foto: J.L.C.

Rafael Pulido (i), junto al jefe de sala, Tero Afonso y su sobrino, Miguel Pulido, en la entrega de los Soles Repsol en el Teide | Foto: J.L.C.

El restaurante Ribera del Río Miño, en la calle Olof Palme de Las Palmas de Gran Canaria, fue el último gran sueño gastronómico que tuvo el empresario de la restauración Rafael Pulido García, que falleció esta misma semana a la edad de 75 años cuando almorzaba en la playa de Las Canteras.

Este empresario nacido en Granada, y que llegó a esa ciudad canaria a comienzos de los años 80 para levantar negocios como la Casa de Galicia o el Arrozar, recibió muchos galardones en su vida, entre ellos el de Mejor Restaurante, precisamente por Ribera del Río Miño, en los XXIX Premios de Gastronomía DIARIO DE AVISOS-Dorada especial, que recogió en un acto celebrado en el Teatro Leal de La Laguna.

Rafael Pulido en los últimos años, pese a la enfermedad que padecía, no dejó de estar presente en sus restaurantes, y más concretamente en el Ribera del Río Miño, en el que, con su andar ya lento, iba mesa por mesa saludando a los comensales e interrogándoles sobre su vida, su familia, pero también sobre cómo habían comido.

En junio del pasado año cogió un avión para acudir a la entrega de los Soles de la Guía Repsol en el Centro de Visitantes de Las Cañadas del Teide que contaban con la asistencia del presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, el de la Real Academia de Gastronomía, Rafael Ansón, y el de la Academia de Tenerife, José Luis Zubieta. Pulido quiso estar presente en este acto pese a que sería una jornada agotadora. Llegó acompañado de su sobrino Miguel Pulido y del jefe de sala del restaurante Tero Afonso para recoger el preciado galardón que luego pondría en un lugar visible en Ribera del Río Miño, junto a otros tantos reconocimientos.

Rafael Pulido no sólo sabía levantar restaurantes, sino algo más difícil que es mantenerlos en el tiempo. La materia prima de calidad, procedente de las lonjas gallegas, una buena cava con múltiples referencias vinícolas, buenos cocineros y una sala impecable y atenta, fueron claves del éxito de este restaurador.

El trabajo no le hacía mella e incluso le permitió soñar un día con abrir Ribera del Río Miño para el que no escatimó esfuerzos ni imaginación. En 2011 abrió las puertas del restaurante y en poco tiempo el éxito estaba en boca de todo el mundo.

Si ya impresiona la decoración clásica, con fotografías evocadores de los paisajes gallegos, maderas en las paredes y parqué en los suelos, la barra es todo un lujo en la que además se ve la mano de un visionario que supo adivinar un estilo de comer que hoy se extiende por todo el país.

Por esta barra han desfilado numerosas personalidades, nacionales o extranjeras, deportistas, gentes del mundo del espectáculo, empresarios o políticos, etcéra, que querían disfrutar no solo de la gastronomía sino de un punto de encuentro para compartir opiniones o intentar rebajar las divergencias.

La muerte de Rafael Pulido, que estaba casado con Lidia García, deja un vacío inmenso en la gastronomía canaria, aunque continuará su legado y su forma de trabajar en el difícil sector de la restauración. | José L. Conde

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