Malcolm Lowry  dejó escrito para la posteridad en su libro Bajo el volcán: “Son realmente las temblorinas las que hacen insoportable este tipo de vida. Pero algún día acabarán. Sólo he estado bebiendo lo suficiente para que cesen. Nada más que la indispensable bebida terapéutica…”.  Estas palabras nos sirven de inicio para hablar de la ginebra, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI cuando un profesor holandés de Medicina destiló el fruto del enebro con la intención de producir un elixir medicinal. Desde entonces al eneldo se le han atribuido numerosas propiedades, como beneficiosa para la función renal, aminorador de los dolores menstruales, despertador del apetito o afrodisiaca.

Muchas de las virtudes de esta aqua vitae, considerada mundialmente como una bebida imperial dado el éxito que ha tenido y tiene dentro de la Familia Real Británica, han ido decayendo con el paso de los años, aunque el saber popular sigue abrazando estas creencias. Cabe recordar el caso de un empresario de Menorca, isla que produce su propia ginebra, sobre el que cayó la prescripción médica de no probar, tampoco ingerir, nunca más el alcohol. Como quiere que es tradición en esa isla beber este destilado rebajado con soda y acompañado de una corteza de limón, aprovechó para sustituir el agua con gas por limonada y camuflar el producto, de tal manera que cuando era interrogado por su mujer decía que era una pomada.

Lo cierto es que la ginebra en la última década ha ido perdiendo adeptos, incluso la de aquellos que han cometido la felonía de mezclarla con mil y una combinaciones, con el resultado de mil y una resacas difíciles de atajar. La ginebra logró su máximo apogeo gracias a la India, durante el periodo de colonización inglesa. En esta época no solo se logró la incorporación de nuevas especies, sino el invento del gin-tonic, un long-drinks más propio de aquellas cálidas temperaturas, que el trago seco propio de ingleses y holandeses.

Además de las propiedades medicinales de la ginebra, se añaden ahora las de la tónica, que contiene quinina, un alcaloide que baja las fiebres y además combate la humedad de las latitudes indias. Esta mezcla la convierte por tanto en una bebida ideal para ingerir a media tarde, antes de la cena, o, incluso, previa al almuerzo, combinado que se ha puesto de moda.

Un botón de muestra es el Bristolbar, en la calle Almirante, número 22, Madrid, de la enóloga y empresaria Elleonor Joy Baker (Bristol, 1981), con más de 80 referencias de ginebra, que abrió sus puertas a finales del año pasado y cuya página web es bristolbar.es También la pequeña cadena de restaurantes Don Giovanni, radicados en la capital de España, ha colocado al frente de sus barras a expertos en el mundo de la coctelería, que preparan unos gin-tonic que crean escuela.

Tanta importancia tiene la ginebra como la tónica, bebida que los establecimientos mayoritariamente compran a las conocidas multinacionales olvidando otras marcas. Por ejemplo, El Corte Inglés de la avenida Tres de Mayo de Santa Cruz, en el Club del Gourmet, comercializa la Fever-Tree, que por cierto contiene quinina natural con una sutil mezcla de sabores botánicos y mejora las ginebras premium. | José L. Conde

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